Capitulo 44
CAP#44
Harry estaba sentado en el trono, con migraña otra vez. Y para empeorar su humor, los guardias con sus armaduras se empujaban entre sí para llegar hasta él.
-majestad -saludaron los dos con una reverencia. Harry simplemente asintió con la cabeza.
-eh... -titubeó uno- díselo tú, Marco.
-¿Decirme qué, caballeros? -se adelantó Harry en preguntar.
-majestad -dijo Marco- su majestad Angélica antes de que terminara su reinado nos ordenó de quemar la chocita de la traidora. Queríamos saber si esa orden aún está vigente.
-por favor, majestad -suplicó el otro- no nos castigue por decírselo ahora. Ya después de tantos meses...
-¿Angélica les pidió que quemaran la chocita?
-en realidad la princesa, ahora su majestad, en nombre de ella.
Marco le pegó un codazo a su amigo. Harry sabía perfectamente que Angélica no ordenaría algo así.
-no. ¿Para qué? Ya ha pasado demasiado tiempo y ustedes tienen otros asuntos más importantes que atender. Pueden irse.
Disimuló muy bien su palidez cuando le dijeron que querían incendiar la chocita. Menos mal que por lo menos tuvo razonamiento en preguntárselo primero.
No quería que los recuerdos de TN se quemaran, además... Bonita no tendría un hogar donde esconderse y él no tendría la oportunidad de estar con la cachorrita como hacia todos los días. Sin que nadie se enterara por supuesto.
Aún recordaba cómo había encontrado al animalito meses atrás y se le destrozaba el corazón.
Una incierta mañana, decidió dar un paseo por los alrededores del castillo. Con la intención de despejarse, olvidar el fracaso del matrimonio real. Sin embargo, no había podido apartar de su mente el recuerdo de su adorada TN... ¿Qué sería de ella? ¿Estaría en Gales? ¿En Paris, quizá? ¿Rehaciendo su vida como tanto lo deseaba? Nunca nadie hablaba de ella, y si lo hacían era para humillarla. Quería salir en su defensa, pero Angélica le había dicho que no hiciera nada parecido o levantaría sospechas.
Y como era de esperarse, en su recorrido se encontró con la chocita de ella. Los pastos crecían alrededor de ella dando el aspecto de abandono y soledad. Billy era su caballo, y le era fiel así como TN lo había predicho. Se bajó de él y sin dudarlo giro el picaporte para entrar.
Lo que vio no hizo más que destrozarle el corazón y el alma. Ante el chirrido de la puerta, una cabecita negra y peluda salió de su escondite, las almohadas. Y su débil lloriqueo también lo destrozo.
-oh... Bonita -logró murmurar. Cerró la puerta tras sí y se sentó en la cama. El animalito apenas se movía, y cuando la acaricio, sintió sus costillas. Claramente desde la partida de su adorada dueña no había comido, eso había sido hace cuatro meses.
-ven aquí... -le dijo suavemente. La abrazo contra su pecho, luego la apartó para mirarla y apenas podía abrir los ojos- yo cuidare de ti ahora... ¿Si? Hasta que TN regrese...
Al pronunciar su nombre ladró, un chirrido tan débil como enternecedor.
Había sido demasiado difícil sacar adelante al animalito. Puesto que las primeras semanas se resistía a comer. Eso lo hacía sentirse impotente. Hasta que se le ocurrió cantarle... cantarle como TN salía hacerlo.
-sé que no tengo la misma voz angelical que ella -le había dicho- pero necesito que comas ¿Si? Por favor.
Eso funciono, y la cachorrita con el correr de las semanas, y luego de los meses, volvió a ser la misma. Aunque claro que estaba que no era la misma del todo, tenía un brillo triste en sus ojitos marrones.
Suspiró, ese animalito de cuatro patitas era su único consuelo y distracción. La vida de rey era algo tediosa, y la de marido era aún peor. Qué iluso había sido al pensar que su relación con Caitlin cambiaria. Y todos ya estaban presionando. Odiaba esa presión ¿Qué les importaba si consumaban el matrimonio o no? apenas la había tocado la siguiente noche. El contacto de sus labios había sido mínimo. Como aprensivo. Y Caitlin tampoco hacia algo para solucionar el problema. Le hacía compañía en el trono y nada más...
Ya estaba cerca de la chocita cuando encontró la puerta entre abierta. Se le aceleró el corazón de repente... si Bonita logró escapar seria su fin.
Pero al asomarse en la puerta, sintió un cierto alivio.
-¡Majestad! -exclamo Leslie con los ojos como dos platos. Estaba acariciando a Bonita y se levantó de repente al verlo en la puerta. Hizo una reverencia rápida y lo miró temblando por dentro del miedo.
-¿Qué haces aquí?
-este... yo.... Eh... discúlpeme si soy impetuosa pero ¿Qué es lo que hace usted aquí?
Harry entre cerró los ojos y observo a Leslie palidecerse.
-discúlpame. Yo estoy aquí porque... -suspiró con resignación- TN era como una hermana para mí.Fuimos muy cercanas, pero yo la quise mucho. Y... creo que cuidar de su cachorrito es mi única forma de demostrarle que siempre estuve de su lado.
-eso es lealtad, Leslie. Qué bueno que hay personas que todavía están de su lado.
-por supuesto... mire majestad, no quiero ser irrespetuosa. Pero sé lo que paso, este será un gran castillo pero los rumores corren demasiado rápido. Usted... al menos por ser caballero debió haber hecho algo para que el castigo de TN no fuera tan severo.
-¿Severo? -replicó, frunciendo el ceño.
-no finja conmigo, majestad. Que todos sabemos lo que le sucedió.
El pánico lo invadió de repente, debió de notarse su palidez porque Leslie lo miró sin entender.
-¿No lo sabe?
Zayn estaba revisando unos papeles en su nuevo estudio cuando Harold irrumpió de repente.
-quiero saber lo que le paso a TN, Zayn.
Leslie no quiso decirle nada porque sabía que había metido la pata. Zayn se quitó las gafas para leer y lo miró con seriedad.
-¿Acaso no te han enseñado a tocar antes de entrar, majestad? Sé que soy su mano derecha pero un poco de educación no está de más.
-déjate de rodeos, milord. Quiero saber cuál fue el castigo de TN.
-¿Y eso es lo más imprescindible ahora?
-sólo dime que no la ahorcaron.
-¿Condenarla a la horca? ¡Por Dios, No!
Harry suspiró aliviado, pero el pánico no dejaba de martillarle la cabeza.
-¿Entonces?
-¿Entonces qué? -cerró los ojos y suspiró lentamente. Se levantó y se quedó frente a él- majestad. Con todo el respeto que se merece. Debe olvidar a esa muchacha insolente. No ha hecho más que perjudicarlo.
-¿Perjudicarme? ¡Yo la he perjudicado! Pero no sé cuánto, necesito saber qué fue de ella, Zayn. No voy a dejar de molestaros hasta saberlo.
Zayn lo sospeso unos instantes. No podía ser que aún esa muchacha merodeara en su cabeza. Era inconcebible. Y entonces se le ocurrió una idea... si tanto le importaba esa muchacha, tendría que olvidarla. Pero en realidad no sabía cuanta era la intensidad de su interés. Lo comprobaría.
-cambiando de tema, majestad -volvió a sentarse detrás de su escritorio.
-Zayn...
-volviendo a sus deberes como Rey.
-Zayn.
-déjame terminar, por favor.
Harry suspiró pesadamente.
-hay una cuidad... a medio día de camino sin parada, que me gustaría que visites.
-¿Visitar?
-es decir, mirarla, ver su condición e intentar analizar qué se puede hacer para llevarla a flote. Ése es su deber, majestad. Ver las condiciones en las que viven sus súbditos.
-¿Y cómo se llama esa ciudad?
-La cuidad de los exiliados.
CONTINUARÁ...







